Antes de comenzar, una palabra. Esta sección nace de una convicción: que la fe no le teme a las preguntas difíciles. Lo que encontrarás aquí no es sensacionalismo ni moralismos vacíos. Es una mirada honesta, bíblica y respetuosa sobre temas que la comunidad vive en silencio. Puedes leer con confianza — el objetivo siempre es la verdad con amor.
La sexualidad en el matrimonio — placer, deseo y Torá
Durante siglos la religión habló de sexualidad con vergüenza o con silencio. Pero las Escrituras lo hicieron con una franqueza que todavía nos sorprende.
Hay temas que en la comunidad religiosa se evitan con una habilidad casi artística. Se cambia el tema, se da una respuesta genérica, o se envuelve todo en una espiritualidad tan etérea que no toca la vida real de nadie. La sexualidad en el matrimonio es, sin duda, uno de esos temas. Y sin embargo, es uno de los más presentes en la experiencia cotidiana de las parejas.
Lo curioso — y esto vale la pena decirlo desde el principio — es que no es la Biblia la que tiene miedo de hablar de esto. Somos nosotros. Las Escrituras abordan la sexualidad con una apertura que a veces desconcierta a quienes esperaban encontrar solo prohibiciones y advertencias.
1. El cuerpo no fue un accidente — la creación y el deseo
Todo comienza en Bereshit, en el principio. Cuando el Eterno crea al ser humano, lo crea con cuerpo. No como un espíritu atrapado en materia, sino como una unidad completa donde lo físico es bueno por diseño. Y cuando instituye el matrimonio, la descripción que usa no es administrativa ni contractual:
"Por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne."
Génesis 2:24"Una sola carne" — basar ejad en hebreo — no es una metáfora espiritual. Es una declaración sobre la unión física y emocional más profunda que dos personas pueden experimentar. La Torá no habla aquí de tolerancia hacia el cuerpo. Habla de celebración.
Esta perspectiva choca de frente con siglos de influencia griega que filtró la teología cristiana y que terminó asociando lo espiritual con lo incorpóreo, y lo físico con lo sospechoso. El judaísmo, en cambio, nunca separó esas dos dimensiones. El cuerpo participa de lo sagrado — y la intimidad conyugal no es la excepción.
2. El Cantar de los Cantares — cuando Dios habla con poesía de amor
Existe un libro en el Tanaj que durante siglos incomodó a rabinos y teólogos por igual. El Cantar de los Cantares — Shir HaShirim — es un poema de amor apasionado entre un hombre y una mujer. No hay en él disculpas ni rodeos. Hay deseo, hay belleza, hay búsqueda del amado.
"¡Que me bese con los besos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino."
Cantar de los Cantares 1:2El rabino Akiva, uno de los grandes sabios del Talmud, defendió la canonicidad de este libro con una frase memorable: "Todos los escritos son sagrados, pero el Cantar de los Cantares es el lugar más sagrado de todos." No lo dijo a pesar de su contenido. Lo dijo precisamente por él.
¿Por qué incluir este libro en las Escrituras? Porque el amor entre un hombre y una mujer — con todo lo que implica — refleja algo del amor del Eterno por su pueblo. La intimidad no es algo que Dios apenas tolera dentro del matrimonio. Es algo que Él mismo usó como imagen para describir su propia relación con Israel.
Eso cambia todo. Cuando una pareja se une con amor y entrega mutua, hay algo en ese acto que resuena con una realidad mucho más grande que ellos mismos.
3. La onah — el derecho a la intimidad en la tradición judía
La tradición judía fue más lejos de lo que muchos esperarían. En la halajá clásica existe el concepto de onah — la obligación del marido de satisfacer a su esposa íntimamente, no como concesión sino como deber. No es un permiso. Es una responsabilidad.
Esto aparece ya en el libro de Shemot, en un contexto que suele pasar desapercibido. Al establecer las condiciones del matrimonio, la Torá menciona que el marido no puede descuidar "la habitación" de su esposa — término que la tradición interpreta como la vida íntima conyugal (Éxodo 21:10).
Lo que esto revela es una visión profundamente igualitaria para su época — y todavía desafiante para la nuestra. La intimidad conyugal no es un favor que uno le hace al otro. Es un espacio de mutualidad, de entrega y de reconocimiento. Cuando eso falta, algo real y legítimo está ausente en el matrimonio.
Desde una perspectiva mesiánica, esto se enriquece aún más con las palabras de Pablo en su carta a los Corintios, donde habla del cuerpo de cada cónyuge como algo que pertenece al otro — no en sentido de posesión, sino de responsabilidad amorosa y recíproca (1 Corintios 7:3-4).
La sexualidad en el matrimonio no es un tema menor que la fe apenas roza. Es una dimensión central de la vida de pareja que merece ser conversada con honestidad, sin vergüenza y con la profundidad que las Escrituras mismas le dan. El silencio no protege a nadie — la verdad dicha con amor, sí. Esta es solo la puerta de entrada a una conversación que vale la pena tener.
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Sección: Donde la fe se hace preguntas