La palabra que usa la Torah para "fiestas solemnes" es moadim, que significa citas fijadas. No dice "recuerdos" ni "tradiciones". Dice citas. Y hay algo en eso que cambia la forma de vivir el calendario: no es que estamos conmemorando algo que pasó hace miles de años, es que tenemos una cita pendiente que Dios puso en el calendario antes de que naciéramos.
Rosh HaShaná llega con el shofar y con una pregunta que flota en el aire de esos días: ¿cómo fui este año? La mesa tiene manzana con miel, granada, cabeza de pescado. Los diez días que siguen hasta Yom Kipur son de revisión interna, de pedir perdón a quien uno lastimó antes de pedírselo a Dios. Yom Kipur es el día más serio del año: ayuno completo, oración casi continua, ropa blanca. Para quien cree en Yeshua, ese día tiene una profundidad particular porque la expiación no es un rito sin contenido.
Sucot, cinco días después, es todo lo contrario. Una semana de alegría radical, de comer en una choza que uno mismo construyó con el techo de ramas y las estrellas visibles. Pésaj es el centro de todo: el Séder con su Hagadá, sus cuatro copas, su matzá y sus hierbas amargas. En una comunidad mesiánica el Séder es también la última cena de Yeshua, y eso se siente en cada copa.
Shavuot, cincuenta días después de Pésaj, es la fiesta del Sinaí y de la entrega de la Torah. Se acostumbra estudiar toda la noche. Y es también el Shavuot en que el Ruaj HaKodesh fue derramado sobre los talmidim reunidos en Jerusalén. La fiesta y el cumplimiento en el mismo día del año.