El número siete en la Biblia hebrea no es un número ordinario. Es el número de la completud, de la plenitud, del descanso. El séptimo día es el Shabat. El séptimo año es el Shemitá. El año del jubileo llega después de siete veces siete. Cuando Kefa dice "siete veces", está usando el número de la perfección. Está diciendo implícitamente: ¿acaso no es suficiente con perdonar de manera completa y perfecta?
La pregunta de Kefa revela algo profundo del corazón humano: queremos que el perdón tenga un límite. No porque seamos malvados, sino porque el perdón cuesta. Cada vez que perdonas genuinamente a alguien que te ha herido, muere algo en ti — el derecho a la queja, el derecho a la distancia, el derecho a no confiar más. Siete veces es mucho. Y sin embargo Yeshúa dice: no es suficiente.
Yeshúa no está dando una nueva cifra — no está diciendo que el límite es 490 en lugar de 7. Lo que está haciendo es algo radicalmente distinto: está invirtiendo un texto del Génesis que sus oyentes judíos conocían perfectamente. Y en esa inversión está toda la teología del perdón.
Para entender por qué Yeshúa usa el número "setenta veces siete", hay que volver al Génesis — específicamente al capítulo 4, a un pasaje que muchos lectores modernos pasan por alto porque aparece entre genealogías. Lamej, descendiente de Cayin, le canta a sus dos esposas un poema que es uno de los textos más oscuros del Tanaj:
Esto es el "canto de la espada" de Lamej — la primera poesía de venganza en la Biblia. Cuando el Eterno marcó a Cayin para protegerlo, dijo que quien lo matara sería vengado siete veces. Lamej toma ese número y lo multiplica: si alguien me toca, la venganza no será siete sino setenta veces siete. Lamej convierte la protección que el Eterno dio por gracia en una amenaza de violencia desproporcionada.
Aquí está la conexión que hace que la respuesta de Yeshúa sea un estudio bíblico en sí misma. Yeshúa está usando exactamente el mismo número — setenta veces siete — pero en dirección completamente opuesta. Donde Lamej usó ese número para proclamar venganza ilimitada, Yeshúa lo usa para proclamar perdón ilimitado.
La Torá registra el canto de venganza de Lamej como el punto más bajo de la línea de Cayin — el momento donde la maldad humana alcanza su expresión máxima en el idioma de la retribución infinita. Yeshúa, que conoce la Torá hasta sus capas más profundas, toma ese mismo número y lo convierte en el idioma del perdón infinito. No es coincidencia numérica — es teología invertida deliberada. Lo que Lamej declaró con orgullo como su escudo de terror, Yeshúa lo convierte en el escudo de quien perdona.
— Génesis 4:23-24 · Mateo 18:21-22 · Romanos 12:17-21El perdón bíblico no es la negación del daño recibido. La halajá distingue entre mejilá — el perdón que se da incluso sin que el otro lo pida — y selichá — el perdón más profundo que sana la relación. Yeshúa está hablando de un espíritu de mejilá que no lleva contabilidad. No porque el daño no importe sino porque quien perdona se libera a sí mismo del ciclo de Lamej — el ciclo donde la herida recibida justifica la herida devuelta, siempre mayor.
La parábola que Yeshúa cuenta inmediatamente después de la respuesta a Kefa — el siervo que fue perdonado de una deuda impagable y luego no perdonó a quien le debía una pequeña cantidad — muestra el absurdo de la aritmética del rencor. Cuando el Eterno te perdona, la deuda que te borraron hace que cualquier deuda que otros tengan contigo sea matemáticamente insignificante.
El discípulo que vive bajo la gracia del Eterno no puede construir el reino de Lamej. No puede anotar las ofensas recibidas y escalar la venganza en proporción creciente. Ha sido sacado de esa lógica. La respuesta de Yeshúa a Kefa no es simplemente un número mayor — es una invitación a salir completamente de la economía de la retribución.
Esta semana lee detenidamente Génesis 4:17-24 — toda la línea de Cayin hasta Lamej. Nota cómo la narrativa describe una escalada: de la protección del Eterno sobre Cayin a la amenaza de Lamej que se autoprotege con violencia multiplicada. Luego lee Mateo 18:21-35 de corrido.
Pregúntate: ¿Hay algún "Lamej" en mi corazón? ¿Hay alguna situación donde estoy llevando contabilidad de las ofensas recibidas, donde la herida que recibí justifica en mi mente una respuesta desproporcionada? El estudio de este texto no termina en el papel — termina en el corazón que decide salir de la lógica de Lamej y entrar en la lógica del perdón que Yeshúa inaugura.
El número setenta veces siete atraviesa la Biblia de parte a parte. Sale de la boca de Lamej como declaración de guerra infinita, y sale de la boca de Yeshúa como declaración de gracia infinita. En esa distancia entre los dos usos del mismo número está toda la diferencia entre el reino que Cayin construyó y el Reino que el Mashiaj inaugura. Kefa preguntó si siete era suficiente. La respuesta fue: cuando perdonas desde la gracia que recibiste, el número deja de importar.
Rabino Israel Escalona A. · Comunidad Ets Jayim
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