Antes de comenzar, una palabra. Esta sección nace de una convicción: que la fe no le teme a las preguntas difíciles. Lo que encontrarás aquí no es sensacionalismo ni moralismos vacíos. Es una mirada honesta, bíblica y respetuosa sobre temas que la comunidad vive en silencio. Puedes leer con confianza — el objetivo siempre es la verdad con amor.
Política y fe — ¿tiene partido Dios?
En tiempos de polarización extrema, la pregunta sobre dónde debe pararse un creyente se vuelve urgente — y más compleja de lo que parece.
Cada vez que hay elecciones, cada vez que estalla un conflicto social o que algún tema político toma las portadas, la misma tensión aparece en las comunidades de fe: ¿debemos hablar de esto? ¿Tiene la fe algo que decir sobre la política? ¿O la comunidad debe mantenerse al margen para no dividirse?
Y en el otro extremo está el peligro contrario — el de las comunidades que se convierten en extensiones de un partido político, donde el líder religioso dice a sus feligreses por quién votar, y la fe queda atrapada al servicio de una agenda humana.
Ninguno de los dos extremos es fiel a las Escrituras. Vale la pena buscar un camino más honesto.
1. El Eterno no tiene partido — pero sí tiene valores
La respuesta corta a "¿tiene partido Dios?" es no. El Eterno no es de derecha ni de izquierda, no es conservador ni progresista en el sentido moderno de esas palabras. Reducirlo a una trinchera política es una forma de idolatría — fabricar un dios a imagen de nuestras preferencias ideológicas.
Pero eso no significa que la fe sea políticamente neutral en todo. Las Escrituras tienen cosas muy concretas que decir sobre justicia, sobre el trato a los pobres y al extranjero, sobre la honradez de los gobernantes y sobre la responsabilidad de los ciudadanos. Esos valores no pertenecen a ningún partido — pero sí interpelan a todos.
"Aprended a hacer el bien. Buscad el derecho, ayudad al oprimido, defended al huérfano, amparad a la viuda."
Isaías 1:172. La tentación del poder — una advertencia bíblica antigua
Israel conoció de primera mano el peligro de mezclar poder político con autoridad religiosa. Los profetas del Tanaj —Amós, Miqueas, Jeremías— chocaron repetidamente con reyes y sacerdotes que usaban la religión para legitimar sus intereses. Y en todos los casos, la voz profética no estuvo del lado del poder establecido sino del lado de la verdad y de los vulnerables.
Esa tradición profética es parte de la identidad más profunda del judaísmo. Hablar verdad al poder, sin importar qué partido esté en el poder, es una responsabilidad que la fe no puede abandonar por comodidad ni por conveniencia.
3. Ciudadanos del Reino con pasaporte terrenal
El Brit Hadashá ofrece una tensión productiva que vale la pena sostener. Por un lado, Pablo llama a respetar y orar por las autoridades civiles (Romanos 13). Por otro lado, Pedro y los apóstoles declaran sin dudar que "hay que obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hechos 5:29) cuando las dos lealtades entran en conflicto.
El creyente mesiánico vive en esa tensión. Es ciudadano de su país y ejerce sus derechos cívicos — incluido el voto, la participación y la opinión pública. Pero su lealtad última no es a ninguna bandera humana. Eso lo libera para criticar a cualquier partido cuando se aleja de la justicia, y para valorar lo bueno en cualquier sector sin convertirse en seguidor ciego de ninguno.
La fe mesiánica no es apolítica — es proféticamente independiente. No seguimos partidos, seguimos principios. Y esos principios nos obligan a buscar la justicia, amar la misericordia y caminar con humildad — sin importar quién esté en el gobierno ni qué diga la mayoría.
Comunidad Ets Jayim · contacto@etsjayim.cl
Sección: Donde la fe se hace preguntas