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Declaración de fe · Ets Jayim

Qué creemos

אֱמוּנָה · Emuná

Nuestra fe nace de las Escrituras, se desarrolla dentro de la historia de Israel y encuentra su plenitud en la obra redentora de Yeshúa HaMashíaj.

Nuestra fe y nuestra identidad

Una fe arraigada en las Escrituras y en la esperanza de Israel

Entendemos que la revelación divina no comenzó en el siglo primero ni terminó en el monte Sinaí. El mismo Dios que llamó a Abraham, que habló a Moshé, que guio a los profetas y que sostuvo a Israel a través de los siglos, es el Dios que continúa llamando a hombres y mujeres a caminar en Sus caminos.

Nuestra identidad busca unir aquello que nunca debió separarse: la riqueza espiritual de Israel, la enseñanza de las Escrituras y la esperanza mesiánica revelada en Yeshúa.

אֱלֹהֵי יִשְׂרָאֵל

Creemos en el Dios de Israel

Creemos en un solo Dios, eterno, creador de los cielos y de la tierra. Él es el Dios de Abraham, Isaac y Jacob; el Dios que hizo pacto con Israel y que permanece fiel a Sus promesas generación tras generación.

כִּתְבֵי הַקֹּדֶשׁ

Creemos en las Escrituras

Reconocemos como inspiradas las Escrituras compuestas por el Tanaj y el Brit HaDashá. Entendemos que ambas forman una unidad inseparable dentro del plan redentor del Eterno.

תּוֹרָה

Creemos en la Torá

Creemos que la Torá constituye la instrucción dada por el Eterno a Su pueblo. No la entendemos como un mecanismo para obtener salvación, sino como una guía práctica para vivir una vida apartada para Dios.

יֵשׁוּעַ הַמָּשִׁיחַ

Creemos en Yeshúa el Mesías

Creemos que Yeshúa es el Mesías prometido por los profetas de Israel. Reconocemos Su nacimiento, Su vida, Sus enseñanzas, Su muerte, Su resurrección y Su futura manifestación gloriosa.

רוּחַ הַקֹּדֶשׁ

Creemos en el Ruaj HaKodesh

Creemos que el Espíritu Santo continúa obrando en la vida de quienes buscan al Eterno. Él consuela, guía, corrige, fortalece y capacita para vivir una vida de fidelidad.

יִשְׂרָאֵל

Creemos en Israel

Creemos que Israel ocupa un lugar central dentro del plan del Eterno. Los pactos hechos con Abraham, Isaac y Jacob permanecen vigentes y continúan formando parte de la historia de la redención.

Torá, gracia y redención

La obediencia no compra la redención; responde a ella

Creemos que la salvación es un acto de gracia del Eterno. Ninguna persona puede ganar el favor de Dios mediante sus propios méritos.

La obediencia no busca comprar la redención, sino responder con gratitud a la redención ya recibida. Así como Israel fue liberado de Egipto antes de recibir la Torá en el Sinaí, entendemos que la redención precede a la obediencia y no al revés.

Por ello entendemos que gracia y obediencia no son conceptos opuestos, sino realidades que se complementan dentro de una misma relación de pacto.

Tradición

Valoramos la tradición judía

La Mishná, el Talmud, la literatura rabínica y los comentarios tradicionales son herramientas valiosas para comprender el contexto de las Escrituras.

Comunidad

Creemos en la vida comunitaria

La fe nunca fue diseñada para vivirse en soledad. Buscamos crecer en respeto, misericordia, verdad y amor al prójimo.

Esperanza

Creemos en la esperanza futura

Esperamos la restauración de Israel, la paz mesiánica y el cumplimiento pleno de las promesas anunciadas por los profetas.

Vida de fe

Una fe que se estudia, se celebra y se vive

En Ets Jayim procuramos vivir una fe que no se reduzca a conceptos, sino que se exprese en una vida concreta: estudio de la Torá, oración, Shabat, Moadim, servicio, familia, comunidad y responsabilidad espiritual.

Creemos que el conocimiento debe producir humildad, que la obediencia debe nacer del amor y que toda enseñanza debe conducir a una vida más cercana al Eterno.

En Ets Jayim procuramos vivir una fe arraigada en las Escrituras, conectada con las raíces de Israel, enriquecida por la tradición judía y centrada en Yeshúa como Mesías y Redentor.

Declaración Ets Jayim

Una fe con raíces, camino y esperanza

Buscamos honrar al Eterno mediante una vida de estudio, servicio, justicia, misericordia y amor al prójimo, transmitiendo a las futuras generaciones la herencia espiritual que hemos recibido.