La palabra Shemitá viene de la raíz shamat — soltar, dejar caer, desprenderse. Y eso ya lo dice todo. No es solo una ley agrícola que obliga al agricultor a descansar su campo cada siete años. Es una declaración teológica: la tierra no te pertenece a ti. Trabajaste en ella, sí. Pero en el séptimo año la abres para todos, porque lo que produce en ese tiempo no es tuyo.
Desde el principio el Eterno estableció que el hombre debe abrir la mano y dar. Ese dar no está calculado en función de lo que recibirás de vuelta. Lo vemos desde Caín y Abel: uno ofrece desde la abundancia del corazón, el otro desde la conveniencia. La Shemitá fuerza al agricultor a salir de esa lógica de acumulación y entrar en una lógica de confianza.
Hay una simetría que vale la pena notar. El hombre descansa cada seis días — el Shabat. La tierra descansa cada seis años — la Shemitá. Un día de la tierra equivale a un año humano. Y en ambos casos el Eterno prometió una porción doble el día anterior: doble porción de Maná el sexto día, doble cosecha el sexto año. La Shemitá no es empobrecimiento — es la prueba de la Emuná.
Y hay otro ángulo. La Shemitá está conectada con el tercer diezmo de la Torá, el maasér ani — el diezmo del pobre (Devarim 14:28-29). Se entregaba al final del tercer y sexto año dentro del ciclo de Shemitá. La enseñanza es consistente: desprenderse para dar al que lo necesita, no acumular, porque la acumulación desvía el corazón de la Emuná hacia la confianza en la fuerza propia.
Y dentro de ese concepto de soltar aparece también, de manera casi inevitable, la idea del perdón. En Devarim 15:2 dice que en el año de Shemitá el acreedor shamat — suelta — lo que le prestó a su prójimo. Perdonar una deuda es hacer Shemitá con el corazón.
Yeshúa enseñó exactamente esto en la oración que le dio a sus discípulos: "Perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores" (Mateo 6:12). El perdón en el Brit Jadashá no es una idea abstracta — es Shemitá aplicada a las relaciones. Y el mayor acto de Shemitá en la historia fue la cruz: el Eterno soltó la deuda de toda la humanidad.
— Mateo 6:12 · Colosenses 2:14La palabra Yovel divide a los comentaristas. Unos la conectan con Yaval — llevar, conducir — bajo la idea de que en este ciclo volvemos al origen, a la libertad primera. Otros la conectan directamente con el cuerno de carnero que anunciaba el año. En Vayikrá 25:8-12 el año cincuenta se proclama con un sonido que debe extenderse por toda la tierra: Jerut — libertad.
Siete semanas de años. Cuarenta y nueve años. Y al llegar al cincuenta, el shofar suena y todo vuelve a su lugar: los esclavos son liberados, las tierras regresan a sus familias, las deudas se cancelan. Es una especie de reinicio cósmico del orden social.
El Talmud (Avot 6:2) hace un juego de palabras notable: Jerut — libertad — se puede leer como Jarut — grabado — en el contexto de las tablas del Sinaí. Y dice: "No hay libre sino aquel que se ocupa de las palabras de la Torá." La libertad del Yovel no es la libertad de hacer lo que uno quiere. Es la libertad de ser lo que uno fue creado para ser.
Cuando Yeshúa entró a la sinagoga y abrió el rollo de Isaías 61, no eligió ese texto al azar. Lo que leyó era el anuncio del Yovel definitivo. "El año de la buena voluntad de Dios" — ese año favorable es el Yovel, y Él venía a proclamarlo. No como una institución agrícola sino como una realidad espiritual: liberación de cautivos, vista a los ciegos, libertad a los oprimidos. Yeshúa es el portador del Yovel de los Yovel.
— Lucas 4:18-21 · Isaías 61:1-2El Goel es el pariente redentor. No solo tiene el derecho de rescatar lo que un familiar perdió — tierra, libertad, nombre — sino también la obligación. Es una figura que concentra todo el peso de la responsabilidad familiar en tiempos de crisis.
Para entender el exilio hay dos palabras en hebreo. Galut es el proceso del exilio — estar fuera, bajo dominio extranjero. Golá es la comunidad de los exiliados como tal. Y el Eterno habla a través de los profetas en ese contexto preciso: Ani HaShem goaleja — Yo soy el Eterno tu Redentor. El Dios que se presenta como Goel está hablando a la Golá, a los que están lejos, a los que perdieron lo suyo.
Yeshúa se presenta como el Goel de toda la humanidad — no solo del exilio físico de Israel sino del exilio espiritual de toda la humanidad. Vino a rescatar lo que se había perdido. Y lo hizo como el Goel bíblico: pagando el precio con lo suyo propio, con su propia vida. Yohanan 1:29 lo presenta con precisión: "He aquí el Cordero de HaShem que quita el pecado del mundo." El pecado del mundo — no de una sola nación, no de un solo pueblo. El Goel de la Golá universal.
— Juan 1:29 · Juan 4:42 · 1 Pedro 1:18-19La pregunta que nos deja esta porción no es histórica ni agrícola. Es personal. ¿Qué es lo que estás sosteniendo con demasiada fuerza? Puede ser una deuda económica que alguien te debe. Puede ser un resentimiento. Puede ser tierra — literal o figurada — que estás acumulando en lugar de abrir. El exilio no fue un castigo abstracto: el Eterno cobró al pueblo los años de descanso que la tierra no tuvo (2 Crónicas 36:21). Hay ciclos que se interrumpen cuando no soltamos.
La Shemitá, el Yovel y el Goel no son solo figuras del pasado. Son el ritmo del Eterno en la historia — y ese ritmo sigue activo en nuestras vidas. Encuentra lo que espera que hagas Shemitá. Suéltalo. Solo así comienza el siguiente ciclo.
Tres palabras. Tres formas de decir lo mismo: el Eterno es el dueño de todo. La tierra descansa porque Él lo dice. La libertad se proclama porque Él lo ordena. La redención llega porque Él envía a Su Goel. Y en Yeshúa las tres convergen: Él es el Shabbat del alma, el Yovel de la historia y el Goel de todo lo perdido. ¡Aleluya!
Rabino Israel Escalona A. · Comunidad Ets Jayim
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