La palabra "cristiano" apareció por primera vez en Antioquía, según Hechos 11:26, para describir a los seguidores de Yeshúa. No la usaron ellos mismos — la usaron otros para describirlos. Los primeros talmidim de Yeshúa no se llamaban a sí mismos cristianos. Se llamaban "el Camino." Eran judíos que creían que el Mesías había llegado.
La separación entre judaísmo y lo que después se llamó cristianismo no fue un evento único ni limpio. Fue un proceso de siglos, acelerado por la destrucción del Templo, por el Concilio de Nicea, por siglos de persecución que hicieron que mantener cualquier práctica judía fuera peligroso para un creyente en Yeshúa. Lo que hoy se percibe como una frontera eterna entre "judío" y "cristiano" es, en buena medida, producto de la historia y no de la revelación.
Shaul en Romanos 11 usa la imagen del olivo. Israel es el olivo cultivado. Las naciones que creen son ramas de olivo silvestre injertadas en ese tronco. El injerto no reemplaza al árbol — se integra a él. La raíz sostiene las ramas, no al revés. Eso tiene implicaciones concretas: quien viene de las naciones y se acerca a la fe de Yeshúa no está entrando a algo nuevo y desconectado de Israel. Está siendo injertado en algo muy antiguo.
Entonces, ¿qué eres? Depende de quién lo pregunta y para qué. Si la pregunta es de linaje, la respuesta es una. Si es de fe, es otra. Si es de práctica, es otra más. Lo que sí podemos decir con claridad es que la identidad mesiánica no es un híbrido confuso ni una fase de transición. Es una postura teológica con raíces propias que dice: el Mesías de Israel es Yeshúa, la Torah sigue siendo revelación de Dios, y las naciones tienen lugar en esa historia.
El término "mesiánico" no es perfecto. Ninguno lo es. Pero describe algo real: una comunidad que vive en la intersección de la fe en Yeshúa y el compromiso con las raíces hebreas de esa fe. No somos judíos que se convirtieron al cristianismo. No somos cristianos que adoptaron tradiciones judías como decoración. Somos algo que existió al principio, fue interrumpido por la historia, y está siendo recuperado.
Efesios 2:15 habla de que Yeshúa vino a crear en sí mismo "un solo nuevo hombre" de los dos — judíos y gentiles. No dice que los gentiles se vuelven judíos ni que los judíos se vuelven gentiles. Dice que en Yeshúa hay una nueva categoría que incluye a ambos sin borrar a ninguno. Eso es exactamente lo que una comunidad mesiánica intenta vivir.
Escribe en un papel, sin que nadie te lo corrija, quién eres en términos de fe. No uses las etiquetas que otros te pusieron — usa las que realmente describen lo que crees, lo que practicas y por qué. Si no te salen palabras, eso también es información. La identidad que no puedes articular es difícil de sostener cuando alguien la cuestiona. No tienes que resolver todo en una semana. Pero sí puedes empezar a nombrarte.
La pregunta "¿qué soy?" no tiene una respuesta que satisfaga a todos los que la hacen. Pero tiene una respuesta que puede satisfacerte a ti. Esa respuesta no viene de lo que el judaísmo tradicional dice sobre ti ni de lo que la iglesia evangélica dice que deberías ser. Viene de estudiar quiénes fueron los primeros seguidores de Yeshúa, qué creyeron, cómo vivieron, y decidir si eso describe algo que quieres ser.
Rabino Israel Escalona A. · Comunidad Ets Jayim
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