La Creación
בְּרֵאשִׁית · Bereshit 1–2Esta historia es para leerla despacio, en un lugar tranquilo y en buena compañía. Cuenta cómo empezó todo: el cielo, el mar, los animales, las personas… y un día muy especial.
Antes de todo
Al principio no había nada de lo que hoy conocemos. No había cielo ni mar. No había árboles, ni pájaros, ni niños jugando. Todo estaba oscuro, vacío y en silencio.
Pero Dios estaba ahí. Su Espíritu, el Rúaj, se movía sobre las aguas, como esperando el momento de comenzar.
Y entonces Dios habló:
— Que exista la luz.
Y la luz existió. Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de la oscuridad. A la luz la llamó día, y a la oscuridad, noche. Así terminó el primer día.
El cielo, el mar y la tierra
Dios siguió hablando, y todo lo que decía comenzaba a existir. Separó las aguas y puso el cielo en medio. Después reunió los mares en su lugar, y apareció la tierra seca.
Entonces le dio a la tierra una orden hermosa:
— Produce hierba, plantas y árboles que den fruto.
Y la tierra se llenó de verde: pastos, flores y árboles de toda clase. Dios vio que era bueno.
Las luces del cielo
El cuarto día, Dios puso luces en el cielo: el sol para alumbrar el día, y la luna y las estrellas para acompañar la noche.
Esas luces no estaban ahí solo para brillar. Dios les dio una tarea: marcar los días, los años y los tiempos señalados. Por eso, cuando nuestra comunidad celebra los Moadim, seguimos mirando el mismo cielo que Dios ordenó ese día.
Los peces y los pájaros
El quinto día, Dios llenó de vida el agua y el aire. Los mares se llenaron de peces grandes y pequeños, y el cielo se llenó de pájaros de todos los colores.
Y Dios los bendijo, para que crecieran y llenaran el mar y el cielo.
Los animales y el ser humano
El sexto día, Dios hizo los animales de la tierra: los grandes, los pequeños y los que se arrastran. Y todavía faltaba lo más especial.
— Hagamos al ser humano a nuestra imagen.
Dios creó al ser humano a Su imagen: hombre y mujer los creó, y los bendijo. De todo lo que existe, solo las personas llevan la imagen de Dios. Por eso cada persona —tú también— es valiosa para Él.
Dios miró todo lo que había hecho. Y era muy bueno.
El regalo del séptimo día
El séptimo día, Dios cesó de crear. Ya todo estaba hecho, y era hermoso.
Ese día Dios lo bendijo y lo apartó de los demás. Así nació el Shabat: un día distinto, para descansar y estar con Dios y con la familia. Cada semana, cuando encendemos las velas de Shabat, recordamos este regalo del séptimo día.
Para conversar en familia
- ¿Qué fue lo primero que Dios creó con su palabra?
- ¿Qué hace diferente al ser humano de todo lo demás que Dios creó?
- ¿Cómo recuerda tu familia el Shabat cada semana?
«En el principio creó Dios los cielos y la tierra.»
Bereshit 1:1Una luz que sigue brillando
El Brit HaDashá comienza contando algo muy parecido: «En el principio era la Palabra… todas las cosas fueron hechas por medio de ella» (Yojanán 1:1-3). Esa Palabra con la que Dios creó el mundo tiene nombre: Yeshúa el Mashíaj.
Por eso, cada vez que veas la luz del sol, puedes recordar que la luz de Dios sigue brillando, desde el primer día hasta hoy.
Creamos algo
Dibuja los siete días en siete cuadros, uno para cada día de la Creación. Y si pueden, salgan juntos al patio o miren por la ventana: busquen algo del cielo, algo verde y un animal, y digan juntos: «Gracias, Dios, por crearlo».
