La Torre de Babel
מִגְדַּל בָּבֶל · Bereshit 11¿Te has preguntado por qué en el mundo se hablan tantos idiomas distintos? Esta historia lo cuenta. Es la historia de una torre, de un plan equivocado, y de un Dios que sabe convertir hasta la confusión en camino.
Una sola lengua
Después de Noaj, sus hijos y nietos fueron formando familias, y las familias se hicieron numerosas. En ese tiempo, toda la tierra hablaba una sola lengua, con las mismas palabras. Cualquier persona podía entender a cualquier otra.
Viajando hacia el oriente, encontraron un valle grande en la tierra de Shinar, y decidieron quedarse a vivir allí. Todos juntos, en un solo lugar.
Ladrillos y un plan
En ese valle no había piedras grandes para construir. Pero se les ocurrió algo ingenioso: hacer ladrillos de barro y cocerlos al fuego para que quedaran duros, pegándolos con brea. Y con esos ladrillos armaron un plan enorme:
— Edifiquemos una ciudad y una torre cuya punta llegue al cielo, y hagámonos un nombre, por si nos esparcimos sobre la faz de toda la tierra.
Escucha bien las dos cosas que dijeron: hagámonos un nombre, y no queremos esparcirnos.
¿Qué tenía de malo el plan?
Construir no es malo. Ser ingeniosos tampoco. El problema estaba en el corazón del plan.
Dios había bendecido a la familia de Noaj con un encargo claro: crezcan, multiplíquense y llenen la tierra. El mundo entero era el regalo, y había que habitarlo. Pero ellos querían exactamente lo contrario: quedarse todos apretados en un solo lugar, construyendo una torre para hacerse famosos ellos mismos.
Querían un nombre grande sin el Dios que les había dado la vida. Y una grandeza así, tarde o temprano, se confunde.
Dios baja a ver
La Torá cuenta este momento con una sonrisa escondida. Ellos creían que su torre llegaría hasta el cielo. Pero dice el texto:
— Y descendió el Eterno para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres.
¿Te das cuenta? La torre "altísima" era tan pequeña para Dios que Él tuvo que bajar a verla. Ninguna construcción humana alcanza el cielo por su propia fuerza. Al cielo no se sube con ladrillos.
Bavel: las lenguas se confunden
Entonces Dios confundió la lengua de los constructores. De pronto, uno pedía un ladrillo y el otro entendía cualquier otra cosa. Nadie se entendía con nadie. La obra se detuvo, y las familias se fueron esparciendo por toda la tierra, cada una con su propia lengua.
Por eso aquel lugar se llamó Bavel, que suena como la palabra hebrea balal: confundir. Y así, de aquella torre a medio construir, nacieron los pueblos y los idiomas del mundo.
El plan de Dios sigue adelante
Mira lo que pasó al final: la tierra se llenó de pueblos, que era justamente lo que Dios había pedido desde el principio. Lo que parecía solo un castigo fue también un empujón en la dirección correcta.
Y guarda este detalle, porque es la llave de la próxima historia. En Babel, los hombres dijeron: "hagámonos un nombre". Poco después, Dios llamó a un hombre de entre esos pueblos esparcidos y le dijo: "yo engrandeceré tu nombre". Lo que el hombre quiso agarrar por la fuerza, Dios lo regala a quien confía en Él. Ese hombre se llamaba Abraham. Su historia comienza ahí.
Para conversar en familia
- ¿Qué querían conseguir los constructores de la torre? ¿Y qué había pedido Dios que hicieran?
- ¿Por qué crees que querer "hacerse un nombre" sin Dios termina en confusión?
- ¿Cuántos idiomas has escuchado en tu vida? ¿Qué te parece que Dios entienda y hable con cada pueblo en su propia lengua?
«Porque allí confundió el Eterno la lengua de toda la tierra.»
Bereshit 11:9Una luz que sigue brillando
La historia de Babel tiene una segunda parte, muchos siglos después. En una fiesta de Shavuot en Jerusalén, el Ruaj HaKodesh descendió sobre los discípulos de Yeshúa, y personas venidas de muchos pueblos escucharon, cada una en su propio idioma, las maravillas de Dios (Maasé HaShlijim / Hechos 2). Dios no borró los idiomas de Babel: los llenó de su Palabra.
Y el profeta Tzefaniá promete que un día todos los pueblos invocarán juntos el nombre del Eterno (Tzefaniá 3:9). Lo que la torre separó, Dios lo está volviendo a reunir, a su manera y con su nombre.
Creamos algo
Aprende a saludar en tres idiomas distintos, empezando por el hebreo: shalom. Pregunta en tu familia qué otros idiomas conocen o han escuchado. Cada idioma del mundo nació después de esta historia, y Dios los entiende todos.
