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Para líderes evangélicos · Teología y práctica

Mi iglesia e Israel

El amor a Israel no es una posición política ni una moda teológica. Es una corriente que corre por el centro mismo del Evangelio — y que la iglesia evangélica está redescubriendo con fuerza en nuestros días.

Teología Profecía Para pastores

Hay pastores que lo sienten hace años sin saber cómo nombrarlo: cuando leen los profetas, cuando estudian el libro de Romanos, cuando llegan al capítulo 11 y Shaul pregunta "¿ha desechado Dios a su pueblo?" — algo en ellos responde antes que el texto. No, no puede ser. Dios no desecha a Israel. Y sin embargo la teología que aprendieron no siempre sabe qué hacer con esa intuición.

El problema no es nuevo

Durante siglos la iglesia cristiana desarrolló su teología asumiendo, en mayor o menor medida, que Israel había sido reemplazado en el plan de Dios. Las promesas del Tanaj eran para la iglesia. Las profecías de restauración eran alegóricas. Israel como pueblo ya no tenía papel en el plan redentor.

Las consecuencias de esa postura fueron teológicas, pero también históricas. Un pueblo considerado rechazado por Dios es fácilmente considerado desechable por los hombres. La historia entre la iglesia y el pueblo judío durante casi diecinueve siglos no puede separarse de esa convicción teológica.

Lo que ocurrió en el siglo XX cambió muchas cosas. La Shoá — el Holocausto — obligó a la iglesia cristiana a mirarse al espejo. El establecimiento del Estado de Israel en 1948, contra toda probabilidad histórica, fue difícil de ignorar para quienes tenían los ojos puestos en las profecías. Y una corriente que fue minoritaria durante siglos comenzó a crecer: la convicción de que Dios nunca desechó a Israel.

"¿Ha desechado Dios a su pueblo? ¡De ninguna manera! Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín."

Romanos 11:1 · El apóstol que escribió más sobre la gracia, defendiendo a Israel

Lo que las Escrituras dicen sin ambigüedad

Shaul dedica tres capítulos completos de Romanos — el 9, el 10 y el 11 — a responder la pregunta sobre Israel. Su conclusión no admite matices: los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables (Romanos 11:29). El Eterno no cancela lo que prometió.

Jeremías 31 vincula la permanencia de Israel como nación con la permanencia de las leyes que gobiernan el universo. Si el sol y la luna siguen en su lugar, Israel sigue siendo nación delante del Eterno. No como mérito propio sino como fidelidad divina.

Ezequiel 36-37 describe una restauración nacional de Israel que incluye el regreso físico a la tierra, la reconstrucción de ciudades y la restauración espiritual que vendrá después. No como metáfora de la iglesia — como historia real de un pueblo real.

Una iglesia que lee estas profecías con honestidad no puede sostener que Israel fue reemplazado. Puede discutir los detalles del cumplimiento, pero no puede ignorar que el Eterno habló de Israel cuando dijo Israel.

Amar a Israel sin confundirse

Dicho esto, el amor cristiano a Israel no puede ser ingenuo ni confuso. Hay formas de "apoyar a Israel" que no son bíblicas — que mezclan geopolítica con teología, que confunden al Estado moderno con el Israel bíblico sin matices, o que adoptan prácticas judías sin entender lo que significan.

El amor bíblico a Israel tiene tres dimensiones. La primera es la oración — interceder por la paz de Jerusalén como instruye el Salmo 122, que en el contexto del Nuevo Testamento incluye orar por el reconocimiento del Mashíaj por parte de Israel. La segunda es el testimonio — ser, como dice Shaul en Romanos 11:11, parte de lo que "provoca a Israel a celos", es decir, vivir de una manera que muestre que el Dios de Israel es real y vivo. La tercera es la relación — buscar el diálogo, el respeto y la fraternidad con el pueblo judío, sin imponer, sin presionar, con la paciencia que la historia demanda.

"Pedid por la paz de Jerusalén; sean prosperados los que te aman."

Salmo 122:6 · Una oración que Yeshúa mismo habría orado

Lo que la sinagoga puede dar a la iglesia

Nosotros somos judíos que creemos en Yeshúa como nuestro Mashíaj. Eso nos pone en un lugar peculiar: somos el puente viviente entre el mundo judío y el mundo cristiano. No como intermediarios necesarios — el Espíritu es el único intermediario — sino como familia que guarda algo que la iglesia perdió hace siglos y está buscando recuperar.

Ese algo tiene nombre: contexto. El contexto hebreo de los Evangelios. El contexto del Sermón del Monte como midrash rabínico. El contexto de la Última Cena como Séder de Pésaj. El contexto de Shavuot el día que el Ruaj fue derramado. El contexto de las profecías de otoño que apuntan al regreso del Mashíaj.

Cuando un pastor aprende ese contexto, el texto bíblico no cambia. Pero se abre de una manera que no tiene comparación. Los detalles que parecían decorativos se vuelven teológicamente densos. Las preguntas que no tenían respuesta encuentran su lugar. Y la fe — en lugar de debilitarse — se profundiza.

Una invitación concreta

No le pedimos que cambie su liturgia ni que abandone su tradición. Le pedimos que abra una puerta. Que enseñe a su congregación por qué el Eterno aún tiene planes con Israel. Que celebre una Pésaj con su grupo de líderes y vea lo que sucede. Que invite al Rabino Israel a predicar un domingo y escuche lo que sus propios feligreses sienten cuando el contexto hebreo entra en la sala.

No son dos religiones diferentes mirándose desde lejos. Es la misma historia vista desde dos ángulos. Y cuando los dos ángulos convergen, la imagen completa es más grande de lo que cualquiera de los dos veía solo.

"Los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables."

Romanos 11:29

"Si las raíces son santas, también lo son las ramas."

Romanos 11:16

La Shoá obligó a la iglesia a mirarse al espejo. Lo que vio cambió la teología del siglo XX.

Contexto histórico

El amor bíblico a Israel: oración, testimonio y relación — en ese orden.

Tres dimensiones
En síntesis

El amor a Israel no es un complemento opcional de la fe evangélica. Es una consecuencia directa de creer que el Dios de las Escrituras es fiel a Sus promesas. Una iglesia que ora por Israel, que lee los profetas con honestidad y que busca el diálogo con la sinagoga es una iglesia más completa, más bíblica y más preparada para los tiempos que vienen.

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Cómo celebrar las fiestas bíblicas en su iglesia con profundidad y sin confusión.

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